Situaciones críticas y Trastorno de Estrés Postraumático
Dadas las características del trabajo en emergencias, los profesionales que trabajan en este campo están expuestos a situaciones altamente estresantesque pueden repercutir en su bienestar personal, en su rendimiento laboral y/o en su entorno social y familiar.
En ocasiones, el profesional ha de intervenir en eventos que están fuera de su rango habitual de experiencias. Estas situaciones producen tal grado de afectación en la persona, que la colocan en situación de riesgo psicológico, físico y/o social para ella y/u otros. Son lo que llamamos situaciones de crisis.
Se considera un hecho traumático como aquella experiencia humana extrema que constituye una amenaza grave para la integridad física o psicológica de una persona y ante la que se responde con temor, desesperanza u horror intensos.
El trauma puede interferir negativamente en la calidad de vida del interviniente y afectarle a su vida cotidiana y en las relaciones sociales.
Cuando nos enfrentamos a alguna de estas situaciones traumáticas, podemos sufrir un estado elevado de ansiedad, con irritabilidad, predisposición a dar respuestas de alarma por motivos menores, pesadillas, imágenes invasivas que aparecen repetidamente en la conciencia y provocan una gran angustia, sensaciones de extrañeza e irrealidad, percibir una barrera emocional que separa a la persona del mundo, tristeza, desesperanza, vivencias de culpa por no haber sabido evitar el peligro o por haber sobrevivido, etc. Este tipo de síntomas son muy frecuentes y cerca de la mitad de las personas que han experimentado un hecho traumático severo sufren uno o más de ellos.
La agrupación de algunos de estos síntomas es lo que se considera Trastorno de Estrés Post-Traumático:
· Este trastorno puede presentarse después de la exposición a eventos en los que exista riesgo a la integridad física, posibilidad de perder la vida o amenaza de muerte, y la ocurrencia de lesiones graves.
· La situación crítica puede re-experimentarse en forma de recuerdos, estados disociativos, memorias retrospectivas (flashbacks), sensaciones físicas o reactivaciones fisiológicas. La persona suele evitar de modo persistente los estímulos relacionados a la situación vivida y presenta alteraciones cognitivas y del estado de ánimo asociadas al suceso traumático. Se presenta también una alteración importante del estado de alerta y de reactividad. Para su diagnóstico su curso debe ser superior a un mes de duración.
Los intervinientes se ven expuestos a situaciones límite durante su respuesta a emergencias, por lo que se debería atender a su estado de salud mental y a los procesos de adaptación psicológica que utilizan tras asistir a estos eventos críticos.
Por tanto, resulta necesario prestar asistencia psicológica a los miembros de los equipos operativos cuando, durante la intervención en una emergencia, se produce un incidente traumático que puede provocar secuelas psicológicas en el personal implicado.
Intervención psicológica en crisis
En los miembros de los servicios de emergencia es una práctica habitual el tratar de eludir y enterrar en el olvido una realidad intolerable (el suceso traumático) para mantener el equilibrio emocional y la cohesión social. Por supuesto, esto es una reacción protectora natural.
Por ello, el silencio y la distracción, junto con el paso del tiempo y la reanudación de la vida cotidiana, a veces, nos es útil como estrategia de afrontamiento.
El interviniente prefiere no pensar en la experiencia vivida y no hablar con otras personas de lo ocurrido para no revivir el sufrimiento ni cargar a los demás con su “problema”. También es posible que entre en juego la vergüenza, muchas veces relacionada con la falsa creencia de que “estas cosas no le pueden pasar a un profesional de la emergencia”.
Sin embargo, no siempre estas estrategias son útiles ni se obtiene un buen resultado con el recurso del olvido.
Por ello, si los intervinientes afectados presentan síntomas de reexperimentación (pesadillas reiteradas o pensamientos o imágenes recurrentes de las experiencias vividas) o conductas de ira, la evitación cognitiva (intentar no pensar en ello) constituye una estrategia contraindicada.
En estos casos, el tiempo no lo cura todo por sí solo y el intento por olvidar los malos recuerdos resulta infructuoso. Si hay reexperimentación o irritabilidad manifiesta, se trata, en cierto modo, de un asunto no cerrado. En estos casos exponerse a las imágenes del suceso traumático bajo el control del psicólogo (es decir, pensar y hablar sobre el suceso) ayuda a digerir emocionalmente el empacho emocional que una persona ha sufrido.
Así, recordar y verbalizar lo ocurrido de forma prolongada y sistemática en un ambiente de apoyo facilita la transformación de las imágenes caóticas y fragmentadas de la situación crítica, mantenidas en la memoria emocional, en sucesos ordenados espacial y temporalmente bajo el control de la memoria verbal.
En cierto modo, se trata de poner nombre a lo que el interviniente ha vivido, de modificar los pensamientos distorsionados y de guardar los recuerdos en el archivador correspondiente para que la persona pueda ejercer un cierto control sobre ellos.
Es en este proceso de transformación de las vivencias en recuerdos y en la reintegración de éstos, ya digeridos, en la biografía de la persona cuando el profesional afectado puede experimentar un alivio de los síntomas y una recuperación de la capacidad de control.
Así, mediante una adecuada relación terapéutica y la aplicación de una serie de técnicas psicoterapéuticas, es posible el restablecimiento de un equilibrio y “confort” emocional en el interviniente que haya afrontado una situación de crisis.
La terapia breve, de tiempo limitado, es el tratamiento que se elije en situaciones de crisis, cuyo objetivo es dar apoyo ayudando a la persona a recuperar el equilibrio necesario para seguir su trayectoria vital con una calidad de vida similar o incluso superior a la que disfrutaba anteriormente.
En esta línea, cabe distinguir dos momentos para la actuación terapéutica: la intervención psicológica temprana, que abarca la asistencia inmediata; y el tratamiento psicológico posterior (intervención de segunda instancia).
La intervención psicológica temprana en intervinientes que han padecido un suceso traumático tiene como objetivo crear un entorno seguro al interviniente afectado y ofrecerle apoyo, así como evaluar las estrategias de afrontamiento y las redes de apoyo familiar y social. Otros objetivos de esta intervención inmediata son ayudar a ventilar las emociones y detectar la posibilidad de requerir una intervención clínica posterior.
De este modo, se puede prevenir, al menos en muchos casos, la aparición o cronificación de trastornos psicológicos.
La eficacia de la intervención en crisis es inversamente proporcional al tiempo transcurrido y a la cercanía física con la persona afectada (Ley de Hansel), por lo que es importante que la ayuda psicológica esté disponible del modo más inmediato posible.
Más allá de la asistencia inmediata, un interviniente afectado por un suceso traumático debería buscar ayuda terapéutica cuando las reacciones psicológicas perturbadoras duran más de 4 a 6 semanas, cuando hay una interferencia negativa grave en el funcionamiento cotidiano (familia, trabajo, etc.) o cuando se siente desbordado por sus pensamientos, sentimientos o conductas.
La intervención de segunda instancia se refiere a un proceso terapéutico breve que va más allá de la restauración del afrontamiento inmediato y se dirige a la resolución de la crisis, de modo tal que la persona pueda enfrentar crisis posteriores – en la medida de lo posible– con sus propios recursos y prevenir así estilos de vida desadaptativos.
En esta segunda instancia el psicólogo asiste a la persona para comprender aquellos aspectos vitales que han sido violados por la crisis y promueve el desarrollo de un nuevo concepto de sí mismo y del mundo. Además, el profesional de la psicología se enfoca a promover el desarrollo de habilidades de solución de problemas y de tolerancia al malestar, todo ello con base en un modelo colaborativo que enfatiza en la importancia de la relación terapéutica y el involucramiento de las redes de soporte social.
Concluyendo….
La intervención en crisis para personal de emergencias es una herramienta muy útil para la prevención de los efectos psicológicos negativos tras un incidente crítico. Por ello, es de gran interés establecer métodos de detección para identificar a las personas vulnerables y desarrollar programas terapéuticos tempranos.
Resultaría adecuado contar con especialistas para el cuidado de la salud mental de los equipos de emergencias. La asistencia que se puede proporcionar permitiría, por un lado, que los psicólogos detecten personas que necesitan ayuda profesional y, por otro lado, que el personal implicado disponga de profesionales especializados en psicología de emergencias por si quieren solicitar asistencia, ya sea relacionada con el incidente actual o con incidentes anteriores.
Sería muy conveniente realizar sesiones de apoyo en grupo, para proporcionar a los intervinientes un espacio donde expresar y escuchar, lo cual permite deshacer la sensación de individualidad (“Solamente me ha afectado a mi…”) y normalizar las reacciones de estrés al incidente (“Todos lo estamos pasando mal…”), facilitando el verlas como reacciones normales de personas normales a una situación que no es normal. Los miembros del grupo dan y reciben apoyo entre ellos, lo cual cohesiona el equipo de trabajo para que vuelva a ser operativo.
Por otro lado, un abordaje rápido y efectivo del estrés postraumático provocado por un incidente crítico, facilita que el profesional afectado pueda incorporarse de nuevo al trabajo, prácticamente de forma inmediata, sin secuelas psicológicas que le impidan intervenir con eficacia en las emergencias futuras.
Se deberían establecer también programas de formación sobre el aprendizaje de estrategias de afrontamiento y técnicas de reducción de ansiedad en los colectivos que trabajan en las emergencias.
En conclusión, parece que sí es importante contar con profesionales de la psicología que puedan participar con los equipos de emergencia antes, durante y después de las intervenciones en situaciones críticas. Por ello, sería necesario incluir este tipo de intervenciones orientadas al cuidado de los profesionales, en los correspondientes planes de Protección Civil.
Natalia Lorenzo Ruiz
Licenciada en Psicología. Experta en Psicología de Emergencias y Catástrofes.
www.natalialorenzo.es
nlorenzo@cop.es











