miércoles, 13 de marzo de 2019

La necesidad de la intervención psicológica en crisis en personal de emergencias

Situaciones críticas y Trastorno de Estrés Postraumático


Dadas las características del trabajo en emergencias, los profesionales que trabajan en este campo están expuestos a situaciones altamente estresantesque pueden repercutir en su bienestar personal, en su rendimiento laboral y/o en su entorno social y familiar.
En ocasiones, el profesional ha de intervenir en eventos que están fuera de su rango habitual de experiencias. Estas situaciones producen tal grado de afectación en la persona, que la colocan en situación de riesgo psicológico, físico y/o social para ella y/u otros. Son lo que llamamos situaciones de crisis.
Se considera un hecho traumático como aquella experiencia humana extrema que constituye una amenaza grave para la integridad física o psicológica de una persona y ante la que se responde con temor, desesperanza u horror intensos.
El trauma puede interferir negativamente en la calidad de vida del interviniente y afectarle a su vida cotidiana y en las relaciones sociales. 
Cuando nos enfrentamos a alguna de estas situaciones traumáticas, podemos sufrir un estado elevado de ansiedad, con irritabilidad, predisposición a dar respuestas de alarma por motivos menores, pesadillas, imágenes invasivas que aparecen repetidamente en la conciencia y provocan una gran angustia, sensaciones de extrañeza e irrealidad, percibir una barrera emocional que separa a la persona del mundo, tristeza, desesperanza, vivencias de culpa por no haber sabido evitar el peligro o por haber sobrevivido, etc. Este tipo de síntomas son muy frecuentes y cerca de la mitad de las personas que han experimentado un hecho traumático severo sufren uno o más de ellos.
La agrupación de algunos de estos síntomas es lo que se considera Trastorno de Estrés Post-Traumático:
·    Este trastorno puede presentarse después de la exposición a eventos en los que exista riesgo a la integridad física, posibilidad de perder la vida o amenaza de muerte, y la ocurrencia de lesiones graves. 
·  La situación crítica puede re-experimentarse en forma de recuerdos, estados disociativos, memorias retrospectivas (flashbacks), sensaciones físicas o reactivaciones fisiológicas. La persona suele evitar de modo persistente los estímulos relacionados a la situación vivida y presenta alteraciones cognitivas y del estado de ánimo asociadas al suceso traumático. Se presenta también una alteración importante del estado de alerta y de reactividad. Para su diagnóstico su curso debe ser superior a un mes de duración.
Los intervinientes se ven expuestos a situaciones límite durante su respuesta a emergencias, por lo que se debería atender a su estado de salud mental y a los procesos de adaptación psicológica que utilizan tras asistir a estos eventos críticos.
Por tanto, resulta necesario prestar asistencia psicológica a los miembros de los equipos operativos cuando, durante la intervención en una emergencia, se produce un incidente traumático que puede provocar secuelas psicológicas en el personal implicado. 
Intervención psicológica en crisis


En los miembros de los servicios de emergencia es una práctica habitual el tratar de eludir y enterrar en el olvido una realidad intolerable (el suceso traumático) para mantener el equilibrio emocional y la cohesión social. Por supuesto, esto es una reacción protectora natural. 
Por ello, el silencio y la distracción, junto con el paso del tiempo y la reanudación de la vida cotidiana, a veces, nos es útil como estrategia de afrontamiento.
El interviniente prefiere no pensar en la experiencia vivida y no hablar con otras personas de lo ocurrido para no revivir el sufrimiento ni cargar a los demás con su “problema”. También es posible que entre en juego la vergüenza, muchas veces relacionada con la falsa creencia de que “estas cosas no le pueden pasar a un profesional de la emergencia”. 
Sin embargo, no siempre estas estrategias son útiles ni se obtiene un buen resultado con el recurso del olvido. 
Por ello, si los intervinientes afectados presentan síntomas de reexperimentación (pesadillas reiteradas o pensamientos o imágenes recurrentes de las experiencias vividas) o conductas de ira, la evitación cognitiva (intentar no pensar en ello) constituye una estrategia contraindicada. 
En estos casos, el tiempo no lo cura todo por sí solo y el intento por olvidar los malos recuerdos resulta infructuoso. Si hay reexperimentación o irritabilidad manifiesta, se trata, en cierto modo, de un asunto no cerrado. En estos casos exponerse a las imágenes del suceso traumático bajo el control del psicólogo (es decir, pensar y hablar sobre el suceso) ayuda a digerir emocionalmente el empacho emocional que una persona ha sufrido. 
Así, recordar y verbalizar lo ocurrido de forma prolongada y sistemática en un ambiente de apoyo facilita la transformación de las imágenes caóticas y fragmentadas de la situación crítica, mantenidas en la memoria emocional, en sucesos ordenados espacial y temporalmente bajo el control de la memoria verbal. 
En cierto modo, se trata de poner nombre a lo que el interviniente ha vivido, de modificar los pensamientos distorsionados y de guardar los recuerdos en el archivador correspondiente para que la persona pueda ejercer un cierto control sobre ellos.
Es en este proceso de transformación de las vivencias en recuerdos y en la reintegración de éstos, ya digeridos, en la biografía de la persona cuando el profesional afectado puede experimentar un alivio de los síntomas y una recuperación de la capacidad de control.
Así, mediante una adecuada relación terapéutica y la aplicación de una serie de técnicas psicoterapéuticas, es posible el restablecimiento de un equilibrio y “confort” emocional en el interviniente que haya afrontado una situación de crisis. 
La terapia breve, de tiempo limitado, es el tratamiento que se elije en situaciones de crisis, cuyo objetivo es dar apoyo ayudando a la persona a recuperar el equilibrio necesario para seguir su trayectoria vital con una calidad de vida similar o incluso superior a la que disfrutaba anteriormente.
En esta línea, cabe distinguir dos momentos para la actuación terapéutica: la intervención psicológica temprana, que abarca la asistencia inmediata; y el tratamiento psicológico posterior (intervención de segunda instancia).

La intervención psicológica temprana en intervinientes que han padecido un suceso traumático tiene como objetivo crear un entorno seguro al interviniente afectado y ofrecerle apoyo, así como evaluar las estrategias de afrontamiento y las redes de apoyo familiar y social. Otros objetivos de esta intervención inmediata son ayudar a ventilar las emociones y detectar la posibilidad de requerir una intervención clínica posterior. 
De este modo, se puede prevenir, al menos en muchos casos, la aparición o cronificación de trastornos psicológicos. 
La eficacia de la intervención en crisis es inversamente proporcional al tiempo transcurrido y a la cercanía física con la persona afectada (Ley de Hansel), por lo que es importante que la ayuda psicológica esté disponible del modo más inmediato posible.
Más allá de la asistencia inmediata, un interviniente afectado por un suceso traumático debería buscar ayuda terapéutica cuando las reacciones psicológicas perturbadoras duran más de 4 a 6 semanas, cuando hay una interferencia negativa grave en el funcionamiento cotidiano (familia, trabajo, etc.) o cuando se siente desbordado por sus pensamientos, sentimientos o conductas.

La intervención de segunda instancia se refiere a un proceso terapéutico breve que va más allá de la restauración del afrontamiento inmediato y se dirige a la resolución de la crisis, de modo tal que la persona pueda enfrentar crisis posteriores – en la medida de lo posible– con sus propios recursos y prevenir así estilos de vida desadaptativos.
En esta segunda instancia el psicólogo asiste a la persona para comprender aquellos aspectos vitales que han sido violados por la crisis y promueve el desarrollo de un nuevo concepto de sí mismo y del mundo. Además, el profesional de la psicología se enfoca a promover el desarrollo de habilidades de solución de problemas y de tolerancia al malestar, todo ello con base en un modelo colaborativo que enfatiza en la importancia de la relación terapéutica y el involucramiento de las redes de soporte social. 

Concluyendo….

La intervención en crisis para personal de emergencias es una herramienta muy útil para la prevención de los efectos psicológicos negativos tras un incidente crítico. Por ello, es de gran interés establecer métodos de detección para identificar a las personas vulnerables y desarrollar programas terapéuticos tempranos.
Resultaría adecuado contar con especialistas para el cuidado de la salud mental de los equipos de emergencias. La asistencia que se puede proporcionar permitiría, por un lado, que los psicólogos detecten personas que necesitan ayuda profesional y, por otro lado, que el personal implicado disponga de profesionales especializados en psicología de emergencias por si quieren solicitar asistencia, ya sea relacionada con el incidente actual o con incidentes anteriores.
Sería muy conveniente realizar sesiones de apoyo en grupo, para  proporcionar a los intervinientes un espacio donde expresar y escuchar, lo cual permite deshacer la sensación de individualidad (“Solamente me ha afectado a mi…”) y normalizar las reacciones de estrés al incidente (“Todos lo estamos pasando mal…”), facilitando el verlas como reacciones normales de personas normales a una situación que no es normal. Los miembros del grupo dan y reciben apoyo entre ellos, lo cual cohesiona el equipo de trabajo para que vuelva a ser operativo.
Por otro lado, un abordaje rápido y efectivo del estrés postraumático provocado por un incidente crítico, facilita que el profesional afectado pueda incorporarse de nuevo al trabajo, prácticamente de forma inmediata, sin secuelas psicológicas que le impidan intervenir con eficacia en las emergencias futuras.
Se deberían establecer también programas de formación sobre el aprendizaje de estrategias de afrontamiento y técnicas de reducción de ansiedad en los colectivos que trabajan en las emergencias.

En conclusión, parece que sí es importante contar con profesionales de la psicología que puedan participar con los equipos de emergencia antes, durante y después de las intervenciones en situaciones críticas. Por ello, sería necesario incluir este tipo de intervenciones orientadas al cuidado de los profesionales, en los correspondientes planes de Protección Civil.

Natalia Lorenzo Ruiz
Licenciada en Psicología. Experta en Psicología de Emergencias y Catástrofes.
www.natalialorenzo.es
nlorenzo@cop.es

La Psicología de Emergencias en sala de urgencias médicas

Tradicionalmente, la psicología de emergencias ha sido más prolífica en cuestiones como desastres y en tiempos modernos, acciones de lo pre hospitalario. En nuestra experiencia como psicólogos que, por avatares del destino, nos desarrollamos profesionalmente en hospitales y salas de urgencias queremos con este articulo dar fe de la necesidad de una atención inmediata, próxima y eficaz en los momentos de máxima vulnerabilidad humana en los hospitales  
Cientos de miles de casos clínicos son atendidos durante las 24 del día los 365 días del año en nuestro sistema hospitalario. Pacientes con traumatismos físicos derivados de accidentes, o actos violentos, otros bajo enfermedades crónico degenerativas exacerbadas como el cáncer, diabetes, renales, accidentes vasculares cardio y neuro. Estados clínicos que estadísticamente podrían superar incluso, los casos graves atendidos en zonas de desastre.
Atendiendo campo clínico desde la esfera psicológica podíamos atestiguar, los altos niveles de estrés, la sospecha de estrés postraumáticos, depresión, conversiones, somatizaciones y un sinfín de fenómenos psicológicos tóxicos, en sinnúmero de pacientes, por lo que no era complicado deducir que, en muchos casos, la sola atención médica no bastaría para disminuir riesgos y amenazas al estado de salud, no únicamente de pacientes sino incluso de familiares y personal médico interviniente (enfermeras, médicos, etc.)
En vista de la necesidad percibida de apoyo psicológico y para legitimar nuestra labor en áreas no comunes para nuestro clan, tuvimos que diseñar y proponer un instrumento de valoración rápida del estado psíquico, más estrategias de intervención oportuna en salas de urgencias, camas de hospital, y salas de espera a fin de detectar afectaciones, clasificarlas y priorizar su regulación. Y como ejemplo, citamos uno de los miles de casos clínicos que nos correspondió atender en urgencias médicas.
Se trataba de una mujer de aproximadamente 30 años quien fue localizada sumamente golpeada, un domingo a las 3 am. en calle céntrica de la ciudad de Guadalajara (Zona de Sn Juan de Dios “zona roja”). 
Al arribar a urgencias médicas fue rápidamente atendida, y llevaba al cubículo de shock. A simple vista los médicos advirtieron una elevada cantidad de huellas de golpes en casi todo su cuerpo y con el rostro muy deteriorado, sospechaban de traumatismo craneal o probables lesiones internas de gravedad, o sea un probable triage medico Rojo
Pero al realizar una exploración formal, su estado de salud fue re categorizado como de riesgo bajo (clasificación  verde en el triage médico) es decir, aquel en el que no hay riesgo vital y se tarda menos de 15 días en sanar. Al preguntar del caso a paramédicos y médicos, estos pensaban que era una prostituta, y que estaba muy tomada a la vez que golpeada y por ello casi ni hablaba  “algo normal en estas mujeres” pero fuera de peligro “lo cual les parecía decepcionante” Por lo que después de aproximadamente una hora de atención fue dada de alta (4 am.)

Al ser entrevistada psicológicamente, en sala de espera, fue invitada a pasar a nuestro consultorio, donde poco a poco pudo recuperarse, al grado de con dificultad comentarnos que ciertamente fue agredida por un individuo a quien apenas conocía de la vecindad donde habitaba, y mencionando que este le había abusado sexualmente, que la obligo a beber para robarla y ante su resistencia le agredió físicamente. No era de Guadalajara sino de un estado del centro del país y había emigrado a nuestra localidad huyendo de una relación violenta marital y habiendo dejado a su única hija de 10 años con familiares a fin de establecerse, capitalizarse y recuperarla saberse lastimada. Psicológicamente teníamos un triage rojo, (el personal médico no se enteró de su historia) su situación demandaba atención inmediata, por arrojarnos un índice de sospecha elevado de potencial traumático (pro trastornos, riesgo suicida, accidentabilidad) por tanto en lugar de egresarla de madrugada se le mantuvo bajo  resguardo humanitario y más allá todavía, se enlazó su caso a instituciones especializadas de tipo legal y terapéutico psicológico…Uno de los miles de casos que se atienden anualmente. 
Nuestra estadística de referencia nos indica que intervenimos  un promedio de 6000 pacientes por año cuyas situaciones clínicas son catalogadas como asociados a problemáticas psicosociales, destacando entre otras, aquellas derivadas de la violencia con 2,707 casos de personas víctimas de la delincuencia común (pandillerismo, asaltantes), 1,837 de ellos afectados  por individuos con conducta antisocial (riñas), 691 casos de violencia conyugal, 221 de violencia donde se incluye el abuso de alcohol, 101 casos de autoagresión (riesgo suicida), 93 violentados y con abuso de sustancias psicotrópicas, 20 de abuso sexual, entre otros tantos. Cabe mencionar que también hay estadística de decesos, pacientes poli traumatizados por accidentes. Auto agresión, enfermedades crónico degenerativas agravadas etc. Que suman muchos miles más

Todos los casos en general se presentan con lesiones o afectaciones fisiológicas de una severidad variable, constituyéndose tanto en emergencias como urgencias médicas dependiendo el riesgo vital 

Destacamos que en dicha unidad de emergencias cada 3 días había alta probabilidad de atender el fallecimiento de algún usuario, ya sea por enfermedad o traumas físicos y en este tipo de situaciones, resulta evidente la poca preparación para el manejo de malas noticias del personal sanitario por lo que es común que el mismo personal médico se vea en grado variable afectado y que exista alta probabilidad de re victimar a las victimas secundarias de los casos (familiares). 
En salas de urgencias, día a día hay un número significativo de situaciones potencialmente perturbadoras, tanto de la salud física como de la mental, requiriendo de una intervención clínica multi e interdisciplinaria especializada, desde su atención inicial.  
Pero dada la idiosincrasia de una buena parte del sector médico, de no aceptar fácilmente el papel de la psicología fuera de la consulta externa y en atención a la hipótesis anterior, para saber cuáles urgencias ameritarán solo atención médica y cuales requieren también una regulación de su estado psicológico, se necesitó de un estudio que especificara los criterios probatorios de dicha necesidad de atención y así obtener evidencia cualitativa y cuantitativa
Para probar nuestra hipótesis se diseñó un instrumento de triage psicológico, así como una técnica de intervencion temprana u oportuna, para casos que dicho instrumento nos indicara como prioritarios. También se decidió pedir el apoyo de dos grupos, uno de estudiantes de psicología de una Universidad Local y otro de prestadores de servicio social.
Al grupo estudiantil (diez estudiantes) se le capacitó en el uso del instrumento de triage psicológico y en la prestación de una técnica breve de intervención (soporte, acompañamiento) así como en ofrecer un feeback para en casos presumiblemente prioritarios invitaran sin costo al usuario para atenderse en nuestro departamento de psicología.
El grupo de prestadores no fue capacitado y ejercía un abordaje generalmente terapéutico en gabinete, durante ese tiempo dicho grupo atendía un promedio de 20 pacientes a la semana 
El triage psicológico llevaba cuatro pasos: 
1.    Abordar para conocer el caso  
2. Priorizar contemplando 7 criterios (riesgo vital, antecedentes traumáticos,      probabilidad de incapacidad o discapacidad, nivel de estrés percibido, señales de trastornos, grado de disrupción de la experiencia vivida) 
3.   Brindar soporte, acompañamiento a casos detectados como prioritarios
4.  Y retroalimentar para recomendar en casos prioritarios un seguimiento terapéutico
Valga decir lo exitoso del programa que arrojó indicadores muy interesantes… 
30 % de usuarios entrevistados ameritaban un seguimiento terapéutico de tiempo indefinido, por situaciones actuales y experiencias disruptivas en su historia personal
Otro 30% ameritaba un apoyo psicológico breve por problemáticas contemporáneas
Un 20% podría recibir un acompañamiento y soporte previo a su alta medica
Y un 20% podría decirse de personas cuyos casos no ameritaban un apoyo psicológico, por su alta capacidad de resiliencia ante su situación.

En un mes de aplicación del instrumento el número de pacientes en gabinete de psicología aumento un 500% y de ser únicamente 20 pacientes, en promedio se atendió a 120 casos diferentes…
*Cabe señalar que se realizaron 200 entrevistas de Triage Psicológico en horarios variables y por lapsus de solo 2 horas en promedio por estudiante (dos en cuestión al día y de lunes a viernes)
En dicha sala de urgencias por mes se atendían en promedio 3500 casos al mes, por lo que 200 casos solo constituían poco menos que el 6% aproximadamente. De los 200 pacientes abordados con triage psicológico e intervencion temprana el 50% solicitó apoyo psicológico personalizado. Si esto se logró con el 6% de usuarios cabe la duda de preguntarnos cuántos del 100% de usuarios de dicha sala de urgencias podrían y deberían tener otro apoyo diferente del biológico (en este caso psicológico) si se abordara en su totalidad.
Conclusión 

Al parecer miles y miles de pacientes del sistema hospitalario que ameritan de un abordaje integral, son egresados sin tomar en cuenta su daño psicológico y la sospecha de afectaciones mayores por reincidencias, agravamientos, disminución de calidad de vida en los usuarios, es incuantificable pero evidente. Porqué se presume salvar vidas, si estamos egresando a pacientes a existencias precarias, depresivas, ansiosas, somáticas y con serias inadecuaciones que promueven la reincidencia y agravamiento de sus patologías, lo que sin duda debe tener o significar un costo muy elevado en todo sentido (económico, social).  

Por otra parte, sale a relucir también la falta de atención a familiares y mismo personal médico. No cabe duda que una sala de urgencias por momentos es una zona de desastres…


ATENTAMENTE

“Salvamos más vidas si rescatamos mentes…”

Psicólogo de Emergencias Luis M. Velázquez M


Originario de Guadalajara Jalisco México