La intervención psicológica en crisis, desastres y catástrofes, parte de la
definición de una crisis (como ya lo han mencionado mis colegas en entregas
anterioires), como un estado temporal incapacitante de reaccionar emocional y afectivamente
ante una situación totalmente nueva que ofrece la vida.
Las crisis conllevan
una fase de choque donde se presentan reacciones emocionales, cognitivas y
fisiológicas encontradas durante las primeras horas y semanas de la ocurrencia
de un evento, reacciones emocionalmente fuertes que pueden implicar la frustración,
rabia o dolor ante la situación ocurrida, reacciones de evitación, problemas
alimenticios o reacciones fisiológicas bastante representativas.
Al igual que las
urgencias y las emergencias, los desastres y las catástrofes presentan
implicaciones psicológicas relacionadas con cualquier variable interviniente
que haya marcado el evento. Prueba de ello que en los dos últimos casos según
Garcia (2004), existen dos tipologías genéricas de desastres, los naturales
(metereológicos y geológicos) y los causados por el hombre (contaminantes,
tecnológicos o sociales), decidiendo ser clasificados según su grado de
intensidad y duración, o como lo asume Raphael (2000), cruzando las mismas
tipologías e involucrando según el elemento relacionado ya sea tierra, aire, fuego
o agua.
Natural
Meteorol
Geológ
|
Técnico
|
Social
|
Guerra
|
Incendio
|
Biológico
|
Secuestro
|
Bombardeo
|
Inundac
|
Radioact
|
Terrorism
|
Químicos
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Huracan
|
Hambrun
|
Ocupación
|
|
Tsunam
|
Cada cruce de variables produce reacciones psicológicas de diversa índole en las víctimas. Se considera por ejemplo, que los desastres tecnológicos son los más temidos por el hombre ante el desconocimiento que este tiene hacia las consecuencias de los mismos.
Por ello, para las
víctimas, un desastre natural conlleva de cierta manera en el individuo una
aceptación y cierto conformismo con una percepción inadecuada sobre las
bondades del planeta, generando así, procesos de cohesión y confianza social a
corto plazo; mientras que los desastre causados por el hombre, generan rechazo
y desconfianza sobre los sistemas de gobierno, sensación de humillación,
sensación de indefensión ante los otros y cierto grado de autoresponsabilidad
por su participación en el evento.
Berren, Beigel y
Gherther (1989), a su vez anexaron 5 factores primarios a estas dos
clasificaciones o tipologías: Uno, si el suceso era de carácter híbrido, dos,
según el impacto personal en tiempo y espacio, tres, el alcance geográfico,
cuarto el tamaño del desastre según la amenaza, el riesgo y la vulnerabilidad,
y por último su relación de acuerdo al nivel de involucramiento de las víctimas
tanto real como percibido.
Las consecuencias según el tipo de desastre ya sea natural o
causado por el hombre está determinada por la magnitud y potencia del impacto,
los daños visibles, su grado de predictibilidad, la percepción que se hará del
grado de control sobre el mismo y la extensión o la persistencia a futuro de
sus efectos.
Los factores
implicados en el proceso de emergencias son de una parte el estresor y sus
componentes objetivos tipo, duración e intensidad; los componentes subjetivos
como las características socio culturales y de personalidad de los afectados;
los organismos involucrados en la respuesta y el medio ambiente afectado. Por
lo tanto, el papel que nos corresponde desempeñar desde la intervención
psicológica en emergencias a cada uno de los respondientes, no es, no ha sido,
ni será nunca tarea fácil.
Son factores de riesgo
(al igual que las anteriormente mencionadas), las características individuales,
la historia, el tipo rasgo, el tipo estado, los mecanismos de defensa y las
estrategias de ajuste ante el estrés de cada sujeto. Otro factor de riesgo son
los estresores presentados en el desastre mismo, su tipología, magnitud,
proximidad, exposición y repercusiones. Todo ello son mencionar la
repercusión de las variables ambientales determinadas por las características
socio-culturales y económicas involucradas.
En un desastre podrían
determinarse como factores perpetuadores la búsqueda de culpables, los
sentimientos de indefensión, la victimización o la imposibilidad de desligarse
emocionalmente del suceso.
Existen igualmente
factores de resistencia que pueden bloquear o sacar adelante el proceso,
ejemplo de ello las características resilientes de los individuos o la
población involucrada o la capacidad de recordar o no perdonar en el proceso.
Los indicadores
(Macro) generales de los desastres son algunos de ellos de carácter objetivo
como por ejemplo su imprevisibilidad, el número de afectados, las causas
exactas del desastre, las consecuencias medibles en recursos y medios
necesarios para intervenir el evento y el grado de desorganización social que
este conlleva.
Otros de los
indicadores son de tipo subjetivo como el grado de adaptabilidad o
inaptabilidad que presentarían las víctimas como posible reacción ante el
evento.
Y por último, la
valoración psicológica del desastre dada en las conductas de reacción presentes
en las víctimas bien sean de apatía, violencia, distanciamiento o
hiperactividad.
Así pues, tenemos ante
nosotros una víctima que debemos aprender a leer de forma única e irrepetible
desde el punto de vista psicológico y a quien al igual que las heridas físicas
visibles se le han generado heridas psicológicas inmediatas que deben ser
atendidas a la mayor brevedad posible aún desde el mismo momento en el cual
buscaremos dar los primeros auxilios psicológicos.
Les deseamos buena lectura y
esperamos poder ofrecerles una panorámica muy enriquecedora desde la
perspectiva de la intervención psicológica en emergencias.
Un cordial saludo y hasta muy pronto de nuevo,
Mónica Riveros
monica-maria.riveros-lopez@psychologie.ch
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